Más de 100 mil personas celebraron las fiestas en honor a San Francisco Javier con saldo blanco

El pueblo mágico de Magdalena de Kino volvió a llenarse de vida, color y fe con las tradicionales fiestas patronales en honor a San Francisco Javier y al Padre Eusebio Kino, que este año lograron reunir a más de 100 mil visitantes provenientes de distintos puntos de Sonora, Arizona y otros estados del país.

Durante nueve días de celebración, los peregrinos participaron en un extenso programa de actividades religiosas, culturales y recreativas que combinaron la devoción con la convivencia familiar. Las autoridades municipales informaron que el evento concluyó este domingo con un saldo blanco, reflejo de la coordinación entre los cuerpos de seguridad y los asistentes.

Las festividades, consideradas una de las más importantes de la región, incluyeron procesiones, danzas tradicionales, música en vivo, eventos artísticos y ferias gastronómicas, además de la esperada visita a la Capilla de San Francisco Javier, punto central de las celebraciones. En los días de mayor afluencia, el centro histórico de Magdalena se convirtió en un mosaico cultural lleno de fe, colorido y expresiones de gratitud hacia el santo patrono.

El comisario de la Policía Municipal, Antonio Flores, destacó que el operativo especial implementado permitió mantener el orden y la seguridad en todo momento. “Se logró un saldo blanco, sin incidentes de gravedad, gracias al trabajo conjunto de la Policía Municipal, la Unidad de Protección Ciudadana, la Policía Estatal, Protección Civil y los Cuerpos de Rescate”, precisó.

A lo largo del fin de semana, se registró una importante derrama económica para el municipio, impulsada por el turismo religioso y el comercio local. Hoteles, restaurantes y puestos ambulantes reportaron una ocupación y ventas al máximo, consolidando una vez más a Magdalena de Kino como un referente de fe, cultura y tradición en Sonora.

Con esta edición, las autoridades y la comunidad reafirman su compromiso de preservar estas celebraciones que, más allá de lo religioso, representan un espacio de identidad, encuentro y orgullo regional.