
Protesta por asesinato de líder limonero opaca ceremonia del aniversario de la Constitución de Apatzingán
El 211 aniversario de la Constitución de Apatzingán, uno de los símbolos más importantes de la historia mexicana, se conmemoró entre el luto, la indignación y la protesta. El reciente asesinato de Bernardo Bravo Manríquez, líder de los productores de limón del Valle de Apatzingán, marcó profundamente la ceremonia cívica y transformó el acto en un reclamo por seguridad y justicia en Michoacán.
Durante la sesión solemne del Congreso del Estado, celebrada en la cabecera municipal, legisladores y ciudadanos expresaron su inconformidad ante lo que consideraron una celebración insensible en un contexto de dolor y violencia.
La presidenta de la Mesa Directiva, Giuliana Bugarini Torres, condenó el asesinato y reconoció el compromiso de Bravo con la paz y el desarrollo local. Sin embargo, la tensión creció cuando seis diputados abandonaron el recinto en señal de protesta, entre ellos Sandra Olimpia Garibay Esquivel, María Itzé Camacho Zapiain, Hugo Ernesto Rangel Vargas, Carlos Alejandro Tafolla Bautista, Vanessa Caratachea Sánchez y Guillermo Valencia Reyes.
“Lo que necesitamos son condiciones de seguridad y justicia para los michoacanos”, declaró Caratachea, mientras que Rangel subrayó que los ataques no solo afectan a los citricultores, sino a toda la población que vive bajo amenaza constante.
A pesar de las manifestaciones, la ceremonia continuó con la entrega de la Presea Constitución de 1814 al abogado Orlando Aragón Andrade, quien también se solidarizó con la familia de Bernardo Bravo y exigió esclarecer los hechos.
El desfile cívico-militar posterior también se convirtió en una protesta simbólica: estudiantes del Instituto Ilustración marcharon portando fotografías del líder asesinado y de un joven jornalero fallecido recientemente. Llevaban pancartas con mensajes como “No más violencia. Paz por Michoacán” y dibujos de limones manchados de sangre sobre la Constitución de Apatzingán, una imagen que reflejó el dolor y la exigencia de justicia en la región.
En respeto y duelo, los productores de limón decidieron no participar en el desfile, enviando un mensaje contundente: la historia se honra con paz y justicia, no con indiferencia.



